Entradas

Imagen
  Mi principal problema (mi principal virtud) es que todas mis acciones tienen como objetivo (no siempre principal, por suerte), el chiste. Si puedo hacer que un viaje en ascensor sea un poco más gracioso, lo voy a intentar con las herramientas que tenga a mano en ese momento.  Lo malo es que el humor es siempre siempre siempre subjetivo, como mucho intersubjetivo. Describiendo en lugar de insultar, en una sociedad fragmentada ( blablabla ) hay tantas intersubjetividades como ascensores. Correrse del código para reírse (momentáneamente) del mismo código es realmente muy difícil, porque depende al menos de otra persona (que gracioso que es reirse - jijearse- uno mismo como un imbécil)  la línea entre el humor y quedar como un pelotudazo irrecuperable es finisima y se corre todos los días.  Todos sabemos que para los que no tenemos una cualidad innata de ser graciosos, el mejor aliado para hacer reír es la velocidad, y una forma de ser rápido es tener un acervo de resp...
Imaginate ser bostero bosterísimo bien hincha de Boca Ser del más grande del país la mitad + 1  así bien bostero quedandote un rato en la s y en la t o alargando la o El que dominó al mundo un rato, en los 2000 un año quizás, el resto dominó  solo a Sudamérica  el más grande boquita papá. Bostero como todos los chistes de “sos más bostero que” (que  tener la pelopincho en la vereda o que tu perro esté en el techo que enterrar la yerba en la arena o tapar la patente que tu sobrino sea más grande que vos o mojarte el pelo en el boliche o comer chizitos de colores  y algunas otras que dependen mucho de la época) Que tus argumentos sólo sean gritar Boca Boca  como un demente como un hincha al que todavía le faltan algunos años de civilización (considerando esto como malo). Ser el que menosprecia  al resto de la comunidad como si uno fuera menos uno porque su punto de vista  viene desde otros colores.  Ser el más creído, insoportable con la incapa...

Sentirse en casa

Son unos segundos. Inesperadamente después de tomar y comer como si no hubiera mañana (no lo hay), uno se relaja. Sentirse como en casa debe ser la conjunción de estar muy a gusto sin responsabilidades que estén acechando. En Argentina uno puede sentirse en casa en varios lugares, siempre y cuando se esté rodeado de amistades y algo para compartir.  Aunque también puede ser que la sangre se redistribuya y solo podamos estar mareados pensando en pocas cosas.  No hay nada mejor que dejar el ego colgadito en el perchero justo antes de salir. Caminar con amigos que se adelanten naturalmente. Confiando en vos; olvidándose de vos. No creo que lo sepan (tampoco se los puedo decir, el spoiler arruinaría el efecto), pero es exactamente lo que disfruto: ver sus espaldas, que a mi no me importe que se alejen; que a ellos no les importe dejarme atrás. No hay metáforas que ayuden a entender un poco mejor la situación; básicamente porque no hay metáforas en la situación. Es lo difícil de ha...

11-09

(Me gustaría poder decir que es la última vez, pero realmente creo que no tengo la capacidad de predecir, ni por razón ni por intuición. Al menos, ahora (creo) esta entre paréntesis. Pienso también que sería una gran coincidencia (otra más) que algún día lo leas. Hay una seguridad, aunque no la termine de creer, que genuinamente nueva: esta vez, no importa tanto que sepas lo que sucede) El paréntesis funciona como una descarga, como una piña a la pared si fuera lo violento que me gustaría ser; como un partido de fútbol si pudiera atajar (la precisión de la comparación probablemente me haga llorar si la pienso en serio).  Por eso ya no es tan expresivo, ni rotundo ni definitivo: ¡deberías haber estado allí! . Fueron unas fotos: pensé que no tenía tuyas (no sé por qué) y fueron las más lindas que vi en mucho tiempo, y eso que es época de orquídeas. No te recordaba TAN linda (por suerte) el día de nuestra última cita en la que se rompió mi dignidad (un recital y una cena de calidad en...

La vida es un carnaval

  25/09 A veces mi cabeza (léase, yo) vuelve a un momento que inevitablemente me saca una sonrisa fácil, estúpida y por sobre todas las cosas, argentina y deportiva. No hay nada que me ate muchísimo al contenido, es un momento previo a un partido de básquet, semifinales o finales de un torneo. Me gustaría explicar la escena. Vientos. Una mini orquesta (dudo que la palabra sea orquesta) ejecuta de manera bastante prolija la introducción de un tema extremadamente popular: La vida es un carnaval, de Celia Cruz. La cámara enfoca una tribuna con gente y banderas de fondo. En este momento, son solo uno. Una bandera los subraya: INSTITUTO ATLETICO CENTRAL CORDOBA (ah, eso significa IACC) La cámara se desplaza hacia la izquierda levemente y aparece, en primer plano, un basquetbolista atándose las zapatillas. El, Leo Mainoldi, tiene cara de concentrado o enojado, quizás el glúteo lo moleste de más mientras elonga. . Es visitante, sus compañeros de equipo están cerca y solo pueden verle la e...

Trunc()

  Pienso en esos problemas que no te matan. Pienso también en Moreno. ¿Habrá entendido cuando se subió al barco lo que le estaba por pasar? Seguro que después no. No vivió la distancia que el tiempo garantiza entre diferentes acontecimientos, para poder analizar, odiar, perdonar, volver a odiar, volver a tener ganas, volver a entender, explicar, prepararse para lo que viene con más experiencia, con más recaudos.  En general los acontecimientos vienen sin explicación. Probablemente la tengan, yo la termino encontrando muchísimo después. La etiqueta que advierte que la prenda tiene que ser lavada a mano y no puede retorcerse aparece después de descolgar la remera deformada por el centrifugado automático. ¿Sirve? Sí y no. En definitiva, no es importante porque ya la utilidad ya no es su principal virtud, al menos no la inmediata El camino que perseguí siempre fue el del equilibrio. Bien digo perseguí porque la clave es que siempre iba corriendo de atrás, tarde y mal. Sin prestar ...
 Hay una historia que no quiere pasar ni de generación ni de grupos de personas. Que se se niega a ser construida, a nacer como historia (quién pudiera). Es el contexto el que no se quiere unir ni presentar algunos elementos que puedan explicar lo que está sucediendo. Tampoco hay una sucesión de acontecimientos unidos por alguna de sus puntas mientras  Hoy, un poema Dame siempre en la pizzería esas servilletas de dispenser  -coloreado en otra época- que no limpian sino esparcen reparten solidarias los restos ampliando superficies sin que nadie ni siquiera el Diego cuestione su identidad servilleteril aunque no cumplan su _________
 Algo así como estar cerca de la respuesta. Perdón, de LA respuesta a una de las preguntas que nos hacen ir para adelante, o al menos mirar para adelante. De sentir que estamos merodéando esa respuesta, que se siente tan cerca que es cuestión de que se sucedan algunos acontecimientos para finalmente llegar a la respuesta. Que siempre estuvo ahí (qué pelotudo, dios), pero que recién está claro (más o menos) el camino que hay que seguir para llegar.  Pero también algo así como que esa sensación (on the verge on, a punto de) también es una revelación, pero mucho más suave. Dura un momento, es placentera pero se olvida. Entonces el problema vuelve a ser la constancia, la consistencia, la coherencia, las C que rigen la vida de manera ordenada y Cuadrada. Pero cuando listamos las C Consistencia Coherencia Constancia Cuadrada es bastante obvio que la ironía las agrupa, la sonrisa de costado, el ¡qué pelotudo, no es por ahí! bastante latente porque soy yo el que las agrupa (con una s...
En un domingo cargado de humedad y vino, en ese estado previo a la siesta en la cual nada importa más que alargar esa previa ya ganada, estirar ese triunfo cotidiano porque seguro termina bien:tirado en posición horizontal y babeando. Me acomode boca abajo con la boca semi abierta para más placer. Y ahí apareciste, tan aleatorio como cuando se me termina un disco del Indio y suena Las Pelotas después.  Fue justo en ese momento en el querealmente no sabés si estás dormido o despierto, probablemente las dos al mismo tiempo, aunque en realidad es que estás dormido pero muy muy liviano (o sea no). Aparecimos en un campo, que después fue un auto, que después fue un viaje que podía ser cualquier viaje. Como si viera un cubo desde arriba, que se ve cuadrado pero se percibe  que hay algo más, vi unos días de nuestro viaje en unos momentos. Caminando de la mano y riendo como me enseñaron a soñar en los '90, había mates, música y sonrisas que no conocía. Había peleítas que me daban ansi...
 20 de Enero de 2022 Las dudas más grandes de todas - las pesimistas obvio: "¿Vamos a morir o solo vamos a sufrir muchos años para llenar medio párrafo en los no libros de historia del futuro*?" - aparecen cuando las más básicas están resueltas: el desayuno de hoy lo compré ayer, gracias Nico del pasado por pensar en mí. ¿Pero no era mejor dejarme esa duda cotidiana ("¿Qué verga desayuno hoy?", tal como se concretiza esa duda teórica) para no pasar a cuestiones más esotéricas y deprimentes? Te lo respondo comiendo una medialuna: no pa, ni en pedo.  También está la parte gris. La parte que piensa para atrás, desde atrás, casi desde el fondo. La que baja línea al son de "¡Qué verga hiciste ahí!" o la peor, la más cruel, que entra en la cabeza con la voz de la sole y se te instala como ese tema que escuchaste y no te podés sacar de la cabeza  ("Por esos días por venir por este brinidis para mí por regalarle a la intuición  el alma mía Porque los días se ...
J empezó a cruzar 9 de Julio como solía hacer, apurándose hasta la mitad y descansando ahí, mientras intentaba armar un cigarrillo. Miró al Obelisco y después esperó para cruzar Avenida de Mayo de cara a Evita en pleno discurso - aunque en ocasiones, recordó con una sonrisa, le encantaba pensar que en realidad se estaba clavando una hamburguesa completa. Al frenar, notó que el paquete que llevaba abajo del brazo le temblaba, bailando al ritmo que marcaba el movimiento involuntario de sus piernas. También transpiraba, aunque eso ya se había convertido algo normal. Sin dudas, había perdido práctica para robar. Ya no tenía esa soltura y solidez que demostraba en aquellos años anteriores, cuando llevar un paquete como el que le pesaba kilos bajo el brazo era algo de todos los días. Salir de su casa para ir a trabajar por el centro era sólo una excusa para después hacer lo que realmente lo apasionaba y llenaba: robar. Era su forma de vida, su vida. Al menos, hasta el día en que todo salió...
Solo vos Podes hacerme llorar En una noche turbia Llena de barrio y agua Donde es tan fácil llorar
Y era esa la sensación que había buscado toda la noche. La de correr y además sentir que te movés. La de jugar la final del mundo con alguien al lado que se separaba de las sábanas para irse a bañar. La de dejar de entender lo que pasa simplemente porque no necesitás entenderlo. Un cambio de escenario es eso. La casa del campo que no se parece a la casa del campo aunque sabés que lo es. La búsqueda de la hamaca paraguaya, que está más lejos de lo que pensabas. El ¿olor? a asado, al humo, al truco, al vino y a las charlas del clima y del viento. Y alguien que ocupa tu hamaca a la hora de la siesta. Alguien que no sabés quien es, y está ahí. Que se balancea con un pie contra el alambrado. Una persona que sin duda va a aclarar todo, y Good Day Sunshine. No, no puede ser. Sí, tengo algo para reírme. No, te juro que no. Que hamaca.   Pero ellos insisten con lo de Good Day Sunshine para arrancarme de eso, de la hamaca, del campo, del viento, del asado que ahora es Beatles, frío y techo. ...
Vení, vení, pasá, sentate por acá. No, no me sorprende para nada verte. De hecho, siempre supe que ibas a volver, sólo que no sabía cuando. ¿Querés algo para tomar? ¿Té? ¿Mejor café, no? No te veo bien, tenés cara de cansado. Bueno, si, es verdad, siempre tuviste ojeras, pero no te veo bien. Tomate un café, dale. Bueno, ¿cómo estás vos? Dale, contame. No me revolees los ojos así, te conozco. No, para nada, no lo tomo como una falta de respeto, hay confianza, no seas gil. Pero evidentemente no querés hablar de como estás....
Entro a la oficina, como todos los días. Al saludar a mi compañero de trabajo, veo, como siempre, la fotos de dos chicas (muy distintas entre sí) arriba de su agenda. Sé que no tiene hijas, por lo que siempre pensé que eras un sobrinas o ahijadas, recuerdo de su comunión (tiene una fecha alguna de las fotos). Prendo mi computadora con el pie, no sea cosa que tenga que agacharme, me siento a ver que es lo que hay para hacer mientras escucho de lejos un radio. Trabajar en las oficinas administrativas de los cementerios siempre fue algo poco problemático en mi vida. Desde mi perspectiva atea y un poco cientificista, sumado a la abrumadora y alienante burocracia que implica el negocio estatizado de la muerte, siempre pude convivir con el hecho de trabajar entre cruces y bóvedas. Mi contacto con el objeto de mi trabajo tiene demasiadas cosas en el medio (papeles y más papeles) como para que de alguna manera la muerte se convierta en un problema en mi vida. Los papeles, burocracia, pasos ...
Cuando estás acostumbrado a llegar tarde a todas partes, llegar muy temprano a algún lado es, de mínima, incómodo. Anoche, por ejemplo, estuve 10 minutos esperando a que llegue la persona con la que iba cenar. Minutos suficientes para ir y venir 4 veces, comprarme un libro y anotar 3 películas que quiero ver. Todo por no saber qué hacer. Igual hace falta aclarar que no me pasa muy seguido: de hecho, siempre llego tarde, quizás para evitarme esos minutos molestos. Hoy crucé la estación y me di cuenta que estaba llegando una hora temprano. Después de considerarlo durante mucho tiempo (el frío y el sueño se combinan haciendo que la realidad sea excesivamente más veloz y concreta que lo que puedo captar con todo mi cuerpo), opté por entrar en el bar de la estación. Ahí iba a estar protegido del viento, podía tomar algo caliente sin posibilidad de gastar en exceso, un café con tres medialunas y ya, leer algún diario, algún libro de los que están tirados en la mochila, mirar la pared, l...
El silencio siempre fue nuestra forma comunicación. Sí, ese silencio, esa nada que era enmarcada de vez en cuando por algunas palabras, que en realidad no hacían más que ratificar el silencio en el cual nos movíamos y eramos uno. Acompañado por el ruido de una cuchara tocando el borde del frasco de dulce de leche. O el susurro de la bolsa de plástico que tenía las almendras. También por algunos colectivos que cortaban el aire frío de la ciudad. Pero nunca dejaba de ser silencio, el silencio como música, como una nota más entre otras que no hace más que aseverar la copresencia. El vínculo siempre fue más allá. Sin embargo, nunca dejó de ser más que el vacío que nos unía. Las frases nos sobraban de todos lados, eran ínfimas al lado de los momentos que compartíamos, cuya solemnidad era representada por nuestra falta de conversación, que por otro lado era innecesaria. Realmente, nunca hubo algo muy importante para decirnos. Simplemente, eran cosas para compartir, y no hace falta hablar pa...
-Sí, qué se yo. Bah, no, sí, sí, estoy bien. Igual te diste cuenta ya, imagino. Me costó afirmarlo. Todo me cuesta últimamente. Le pongo mucha onda, eh. Pero me cuesta un huevo. Intento hacer todo lo que tengo ganas de hacer, pero todo cuesta el doble. Pero estoy bien. Sí, es necesario recordarmelo a cada momento: estoybienestoybienestoybien mientras esquivo las líneas de cemento que unen las baldosas, misión imposible si calzás 45. Mejor es jugar al fútbol con algo que esté dando vueltas por ahí, eludir a dos rivales que por imaginarios no son menos difíciles de superar, e intentar definir al lado de un palo, que por suerte se mueve en nuestra cabeza y se ajusta a la realidad (no así la vecina, que se queja del piedrazo). Pero la coyuntura sociohistórica me recuerda que de chico lo único que hice fue atajar. Qué mierda sé de la pelota en los pies, que mucho que me sirven para caminar y trasladarme por los lugares que hoy conforman mi vida, que cada vez sospecho más que no la elegí y...