El silencio siempre fue nuestra forma comunicación. Sí, ese silencio, esa nada que era enmarcada de vez en cuando por algunas palabras, que en realidad no hacían más que ratificar el silencio en el cual nos movíamos y eramos uno. Acompañado por el ruido de una cuchara tocando el borde del frasco de dulce de leche. O el susurro de la bolsa de plástico que tenía las almendras. También por algunos colectivos que cortaban el aire frío de la ciudad. Pero nunca dejaba de ser silencio, el silencio como música, como una nota más entre otras que no hace más que aseverar la copresencia. El vínculo siempre fue más allá. Sin embargo, nunca dejó de ser más que el vacío que nos unía. Las frases nos sobraban de todos lados, eran ínfimas al lado de los momentos que compartíamos, cuya solemnidad era representada por nuestra falta de conversación, que por otro lado era innecesaria. Realmente, nunca hubo algo muy importante para decirnos. Simplemente, eran cosas para compartir, y no hace falta hablar pa...
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